Facebook Ico
Blog

Comfort food, comer con el corazón

La comida que preparaban nuestras madres y abuelas también puede convertirse en una tendencia gourmet.

Ya sabemos muy bien que comer no sólo es un acto de supervivencia, es también un hecho cultural, una forma de crear identidad, una costumbre. Y como nos define y transforma en quienes somos desde que nacemos, todo lo asociado con la alimentación está, además, indefectiblemente ligado a los sentimientos. Allí es donde nace el nombre de una tendencia que ya está instalada, que tiene que ver con la vuelta a las bases, a esa comida que nos remite a los sabores familiares, al hogar, y por ende, al recuerdo y a las vivencias. Cuando hablamos de ‘comfort food’ no hablamos de un estilo en especial, sino de una forma de cocinar que homenajea, de algún modo, a esos platos que nos transportan a los sabores honestos y deliciosos de la cocina hogareña. Son -sólo- aparentemente simples (muchas veces porque son recetas tradicionales o porque emplean pocos productos en un solo plato), pero a la vez se trata de preparaciones nobles y sabores profundos e intensos.

La comida confortable, además, va en línea con el respeto por el producto, con la búsqueda de calidad, y en esa línea se trabaja mucho con lo orgánico, con productores locales, con cocina de estación. Otras microtendencias que se pliegan a una que honra y rememora los sentimientos y los recuerdos que nos traen ciertas comidas por un motivo u otro: un guiso que nos transporta a la mesa familiar de los domingos, porque era el que preparaba la abuela con una receta de su Italia natal; o un aroma a pastel de limón recién horneado que nos hace viajar a las tardes de la infancia, cuando nuestra madre nos esperaba al volver de la escuela.

1

 
Esta es una tendencia instalada porque actualmente es una de las corrientes más fuertes en la gastronomía mundial -en la que el inglés Jamie Oliver es uno de los referentes indiscutidos-, pero muy especialmente en la latinoamericana. No es casual: somos un crisol de razas, algo que en Argentina, país de inmigrantes, quizá se destaca aún más. Con esa nostalgia latente por el país que nuestros abuelos dejaron, y a la vez, las costumbres que siguen vivas en sus platos, hay tantos estilos de ‘comfort food’ en Buenos Aires como de orígenes de inmigración hablemos. Aquí una selección de referentes en este estilo, donde los platos típicos homenajean a ‘la comida de la abuela’ hecha desde la alta cocina y con la mano de grandes cocineros.

  • A la francesa, Le Bistrot de Patricia Courtois: La ‘Curtuá’, como la apodan cariñosamente sus colegas, lleva el amor por la cocina francesa en los genes, con la herencia de sus abuelos que llegaron a la Argentina desde Normandía. Creció con esos sabores y cuando supo que lo suyo era la cocina, también la vida se encargó llevarla por ese camino: desde hace ocho años está al frente de Le Bistrot, su restaurante en el primer piso de la Alianza Francesa. Pasar un mediodía por allí es enamorarse de su soupe à l’oignon, probar los más deliciosos pates y quiches, deleitarse con una tarta tatin o una crème brûlée perfecta, con el agregado del factor sorpresa, porque Patricia, fiel a la filosofía de la cocina de producto y a su espíritu inquieto, va cambiando el menú según lo que encuentra más fresco y apetitoso, y de allí parte su inspiración.

Av. Córdoba 946, 1° piso

1

 

  • Un homenaje a la bobe, la cocina judía en Mishiguene por Tomás Kalika: Lo primero que el chef Tomás Kalika dice cuando define a Mishiguene, es que él no quería hacer un restaurante de cocina judía, porque jamás hubiera podido competir con “los varenikes de la bobe” de cada familia que se sentara en sus mesas: “Los platos de la cocina judía se atesoran en la memoria y es imposible competir con un recuerdo”, afirma. Pero Kalika encontró el desafío en llevar esta cocina que está en su sangre a conceptos más actuales y técnicas modernas donde los platos clásicos se reinterpretan llevando a otro nivel texturas, sabores y productos de la más tradicional cocina judía. La carta se va renovando por estación, respetando los productos de temporada, pero entre los imperdibles no faltan el guefilte fish o el pastrón -que se ahuma a la leña y se cocina a baja temperatura, por ejemplo-. Entre las experiencias posibles, se puede optar por platos contundentes, un menú degustación de seis tiempos, o bien hacer la magnífica experiencia de la ‘Chef Table’, en una mesa privada dentro de la cocina, en un menú de diez pasos.

En Lafinur 3368

  • A la italiana, pasta, pan y antipasti en La Alacena de Julieta Oriolo: Como en muchas familias argentinas con raíces italianas, Julieta creció viendo a sus abuelas haciendo el pan y viviendo cada domingo como una especie de ritual familiar: mesas grandes, repletas de platos deliciosos, buena pasta, sabores intensos, todo fatto in casa. De allí que, cuando se decidió por la cocina, su obsesión estuviera en buscar el sabor desde la nobleza del producto y en cocinar con esa energía ‘tana’. Hace dos años creó con su socia Mariana Bauzá La Alacena, un acogedor restaurante donde el corazón es italiano: el pan que se bate y no se amasa -tal como le enseñaron sus abuelas-, y luego se corta en lonjas que son parte de los prensatti -los maravillosos sándwiches que se prensan y doran a la chapa-. Le siguen la variedad de pastas, la de antipasti -el tostón de bresaola, queso de cabra, ricota casera y nueces pecán es delicioso- con el espíritu italianísimo de compartir. El dato extra: desde hace un año, sus panes, focaccias, medialunas y otras delicias, además de algunas conservas y productos, se consiguen en la panadería de La Alacena, justito al lado del restaurant. 

En Gascón 1401

Daniela Dini
influencer
Daniela Dini es periodista especializada en 'las cosas lindas de la vida': viajar, comer y beber. Escribe y filma sobre gastronomía, viajes y lifestyle, relatados a partir de la experiencia. Colabora en distintos medios de Argentina y Latinoamérica y en su propio blog, The Urbanhunter Project.

Deja un comentario

Cerrar
¡Recibe nuestros platos más deliciosos!
SUSCRÍBETE