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5 cosas que hay que saber o hacer para ser un experto del vino

Cuando alguien habla de vinos, y lo hace bien, el resto para la oreja y escucha atentamente. Hay algo en esta bebida que convierte a las personas: tanto al que habla como al que escucha. Y ese algo es un efecto derivado del conocimiento que todo el mundo quiere tener. Conocer realmente de vinos, sin embargo, lleva tiempo y vida. Pero hay atajos. Y en estos 5 puntos que listamos a continuación, proponemos las cosas que hay que saber o hacer para que, aunque no sean expertos, puedan parecerlo.

1. Saber catar un vino y evaluarlo. Llegar a ser un buen catador toma tiempo. Aprender a catar, un par de intentos hechos a conciencia. Para eso, hay que cumplir tres pasos. El primero es saber tomar la copa –siempre desde el tallo– y hacer girar el vino con gracia. El segundo, siempre antes de beber el vino se observa el color y luego se huele: puede ser frutado, especiado, maderoso u oler a todo junto, mezclado con cosas indefinibles si el vino es viejo. Tercero reconocer tras un sorbo de vino si es dulce o fresco y tiene cuerpo o es ligero. Con eso basta para estar en sintonía.

2. Manejar algunas palabras claves. Hay conceptos que revelan a un conocedor. Algunos son muy fáciles. Por ejemplo, hablar de aroma y perfume y no de olor. Comprender matices de colores rojos, entre rubí y violeta. Acertar a describir un vino aterciopelado de uno áspero. Por supuesto, además están los nombres de las uvas, que hay que saber pronunciar (la más difícil siempre es Cabernet Sauvignon). Sin olvidar términos como roble, maduro, añejo, sencillo o complejo.

3. Conocer los temas del momento. Como en todo universo, el del vino tiene algunos tópicos sobre los que hoy se habla. Los sommelier hablan de vinos naturales –para referirse una corriente de no intervención en la elaboración–, de regiones alejadas del centro como Austria o rincones de California como Russian River, Rías Baixas en Galicia o blancos de Alemania. También la Biodinámica, una suerte de elaboración homeopática de vinos que cautiva con una imagen bucólica de ovejas y patos. Y desde ya: comentar de forma positiva cosas como foudres (toneles de roble), cultivos de viñas viejas o vinos raros; negativa, todo lo que sea a gran escala.

4. Apps de vino. Otra de las cosas que convierte a un consumidor en un “wine expert” es tener una cuenta en alguna de las aplicaciones para vinos, comentar botellas ahí y sacar muchas fotos de lo que bebe. Las más utilizadas son Vivino o Delectable, aunque también es necesario tener el Instagram cubierto de copas.

Saber maridar. Desde el punto de vista de la comida, el maridaje es algo sencillo. Pero desde el punto de vista de la impresión causada, es un punto fuerte de cualquier “wine expert”. Si va a un restaurante o invita a comer a casa a sus amigos, siempre parte del vino. Lo elige primero y explica por qué iría bien con tal o cuál plato. El dato clave para que salga bien, es pensar en tres cosas. La intensidad aromática del vino y del plato, que deben ser equivalentes. La acidez y los taninos del vino versus la grasitud del plato, una relación directamente proporcional. Y proponer un vino por cada plato servido. Si se logran alguno de esos dos puntos, nadie en esa mesa podrá decir que no está frente a un” wine expert”.

Joaquín Hidalgo
Periodista y enólogo, escribe como cata: busca curiosidades, experimenta en formatos y tiene una pluma capaz de desentrañar el secreto áspero del tanino o de evocar el sabor perdido de unas granadas en la infancia. Lleva más de quince años en esto de escribir sobre vinos y gastronomía. Lo leen en Vinomanos.com (plataforma que fundó en 2013) o bien en importantes medios argentinos donde es columnista, como La Nación Revista, La Mañana de Neuquén, Playboy y JOY, entre otros.
 

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